Homofobia en Jerez
Homofobia, por si alguien todavía no se ha enterado es, según el diccionario de la RAE: “Aversión obsesiva hacia las personas homosexuales”. Ya de por sí, en la definición se adivierte una clara patología, pero cuando la homofobia conduce a la agresión, algo demasiado frecuente, se convierte además en delito. Mi amigo Alfonso denuncia en su blog, que en Jerez se produjo un nuevo caso de homofobia. Ocurrió el pasado día 2 de mayo, durante la Feria del Caballo. Un chico perteneciente al colectivo LGTB Iguales de Salamanca fue agredido e insultado por preguntar la ubicación de la caseta de JereLesGay, la Asociación de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales de Jerez de la Frontera. Unos “educados” chicos que escucharon la pregunta, empezaron a pegar y a lanzar botellas de cristal al que preguntaba por la caseta y a los que pretendían responderle. A uno de ellos le rompieron el tabique nasal. Todo ello aderezado con insultos como: “Maricones”, “te voy a rajar”, “te voy a matar”. Podría extenderme sobre la falta de educación en valores de estos energúmenos y sobre la necesidad de la Educación para la Ciudadanía, que pretende, entre otras cosas, fomentar el respeto hacia los demás. ¿Tan difícil es entender que no hace falta compartir unas mismas ideas u opciones personales para respetarlas? Parece ser que sí. El nuevo y necesario Ministerio de Igualdad, dirigido por Bibiana Aído, debería empezar la legislatura luchando decididamente contra la homofobia y la discriminación hacia los homosexuales, y otorgar a este problema el protagonismo que merece. No me cabe duda de que Bibiana lo hará. Como heterosexual no puedo entender que existan personas que agredan a otras por ser homosexuales, me parece una barbaridad, y un signo de debilidad social. Debemos corregirlo.




































Quienes agreden e insultan a un homosexual (sea éste un gay o una lesbiana) agreden e insultan, exusado es aclararlo, al prójimo, algo que parecen olvidar tales agresores y denostadores, pese a que, seguramente, muchos de ellos asistirán con aire cicunspecto a misa todos los domingos y fiestas de guardar, donde, por lo que se ve, eso de “amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” les debe de entrar por un oído y salirles (a toda pastilla) por el otro, pues no dejan de ser en realidad unos auténticos meapilas, unos retrasados morales que, precisamente por ello, se oponen a que se enseñe en los colegios la asignatura de Educación para la Ciudadanía, una asignatura que, habida cuenta de su hipócrita, infame y agresor comportamiento, ellos necesitan estudiar con urgencia, para que aprendan a comportarse civilizadamente.
A mí, la verdad, no me extraña que ahora muchas personas cosechen tempestades de homofobia, pues no en balde muchos obispos llevan meses -me corrijo: años- sembrando vientos de odio contra los homosexuales y contra Educación para la Ciudadanía.
Lo que yo digo, unos señalan donde están las cerillas y otros hacen el fuego.