¿Qué me das a cambio?

2008 Junio 8
etiquetas:
by mercè


Si alguien a quien yo admiraba no me hacía caso, o incluso me criticaba con dureza, en modo alguno le retiraba mi admiración por ello. Lamentaba su indiferencia o su veredicto negativo, pensaba que yo no valía o que tenía que mejorar, me aguantaba y seguía admirándolo. No me parecía limpio ni honrado hacer depender esto último de algo semejante a la reciprocidad (dentro de lo que cabía, claro está). Me di cuenta, sin embargo, de que esta no solía ser la actitud general, ni siquiera entre los autores ya consagrados. Comprobé cómo no pocos de ellos hacían deliberado caso omiso mientras no hubiera habido antes, por mi parte, una manifestación pública de admiración hacia sus obras, mientras no les hubiera rendido una especie de pleitesía. Nunca estuve dispuesto a eso, y durante muchos años no existí para gran parte de mis mayores, españoles e hispanoamericanos. Sólo, supongo, para aquellos a los que sí admiraba sinceramente, y eso jamás tuve reparo en reconocerlo y mantenerlo. Pero me molestaba la actitud de cambalache implícito que percibía en escritores más importantes que yo. Era como si dijeran: “Si este joven hace declaración pública de su admiración por mí, quizá lo lea y tal vez lo premie con algún comentario favorable. Si no es así, para mí no existirá”.

Fragmento del artículo de Javier Marías en El País semanal de hoy: “Las facturas de la admiración”. Lo que Marías escribe sobre el ambiente literario, que es el suyo, se podría extrapolar perfectamente a cualquier ámbito de nuestra sociedad, sobre todo a aquellos en que los intereses se ponen de manifiesto de una manera más obscena, como la política.

Todavía no hay comentarios

Escribe un comentario

Nota: Puede usar XHTML básico en sus comentarios. Su dirección de correo electrónico nunca será publicada.

Subscripción al comentario vía RSS