“Maltrato y grosería”, interacción peligrosa
Tiene mucha razón Javier Marías en su artículo de hoy en El País Semanal, “Maltrato y grosería“. El maltrato a las mujeres no es un asunto aislado, la grosería y la mala educación tienen mucho que ver:
Cuando escribo estas líneas, son ya sesenta y una las mujeres muertas por sus maridos o parejas, o por quienes lo fueron, o por quienes aspiraban a convertirse en tales y se vieron rechazados. Nadie acaba de explicarse por qué no sirven de nada, en lo referente a este cómputo siniestro, el endurecimiento de las leyes ni las medidas protectoras ni los aleccionamientos que se sueltan desde la prensa y las televisiones. A mí, sin embargo, no me extraña mucho que en España nada de eso haga mella, y que toda tentativa de hacer menguar el número de esos crímenes resulte más bien inútil, porque lo que no se combate es la grosería general de la gente, que de hecho va en aumento, y que es lo que propicia y alienta los comportamientos violentos. El maltrato a las mujeres no se debe ni puede tomar como algo aislado, sino que es también consecuencia del ambiente general reinante.
Sigue leyendo el artículo de Marías “Maltrato y grosería“.




































Ayer viendo la television, (haciendo zapping por supuesto) podiamos observar que se hablaba bien de Belen Esteban y mal de la Reina Sofia.
Una persona culta, austera, elegante, educada, cortes , Doña Sofia, era linchada publicamente en la noria…
¿De que nos quejamos entonces?
Javier Marías no solo no sabe escribir, sino que como de costumbre tampoco tiene ni idea de lo que está diciendo. Ahora resulta que la culpa de la violencia de género la tiene la grosería del pueblo español. Habrá que tener cuidado, porque un individuo que dé una mala contestación a su señora ya lleva camino de convertirse en criminal.
Marías no toca la verdadera causa del problema ni de lejos, como jamás la han tocado Mercè ni cualesquiera otros navegantes de la blogprog, porque afecta a responsabilidades exclusivas de los últimos gobiernos de España, incluyendo cómo no al socialista, que ellos y ellas defienden mercenariamente en sus páginas web.
La violencia de género ha aumentado a pesar del endurecimiento de las leyes por una sola y simple razón: que matar sale barato. El estado ha hecho unas leyes excelentes sobre el papel, pero no ha proporcionado los medios efectivos para hacerlas cuplir.
Por supuesto que de este tema no se puede hablar, porque entonces a alguien se le podría ocurrir poner en la picota al responsable subsidiario (léase Reino de España). Imagináos el dinero que iba a perder la administración pública en cuanto a un juez se le ocurriera crear una sentencia ejemplar a favor de alguien a quien se le hubiera ocurrido demandar al poder público. Miles de millones en daños. Por lo tanto hay que diluir la culpabilidad del estado mediante palabrería sociológica y cultural como la que emplea Marías.
El asco no lo da la grosería de la gente, sino la incompetencia de los gobernantes. ¿Sabéis lo que tenían en comun todas las mujeres asesinadas por sus parejas? Habéis acertado: todas ellas denunciaron.
Señor Igandekoa:
Puede que tenga usted razón cuando dice que Javier Marías no sabe escribir (supongo que se refiere usted a escribir novelas). Pero permítame que lo reconvenga: no parece muy ático, sino más bien beocio, escribir -tal como usted hace- violencia de género” (traducción a mocosuena del inglés “violence of gender”) en vez de violencia sexista (o, según el caso, violencia machista, violencia doméstica, violencia contra las mujeres…). Si usted escribe “violencia de género”, le pueden preguntar: ¿de qué género, clase, estofa o tipo es esa violencia: del género sádico, del masoquista, del…?
Por otra parte, reconoce usted en su comentario (discúlpeme que no diga “post”) que las leyes se han endurecido (y, al reconocerlo, acierta usted: las penas del Código Penal de 1995 son en realidad más duras que las del de 1973) y, sin embargo, añade a continuación que “matar sale barato”. ¿Acaso ha incurrido usted, por inadvertencia, en el anacoluto? No lo creo. Y, por ello, le pregunto: ¿está usted, entonces, acusando directamente al Gobierno socialista de lenidad, es decir, de no perseguir a los que asesinan o lesionan o maltratan a las mujeres? Por favor, señor Igandekoa, tómese usted la molestia de colacionar o comparar la plantilla de guardias civiles y policías nacionales existente en los ocho (ominosos) años durante los que (mal) gobernó Ánsar con la plantilla que hay en la actualidad: cuando haya hecho el cotejo podrá decirnos en cuántos agentes ha aumentado Zapatero esa plantilla. (Le adelanto que el aumento no ha sido pequeño).
Igandekoa, vigila lo que dices porque me ha costado escasos segundos de Google dar con un dato que te rebate de forma aplastante: tan solo el 22,6 % de las mujeres fallecidas por violencia de género hasta el 20/10/2008 habían denunciado
Como digo, vigila lo que dices no vaya a cundir la impresión de que siempre hablas de oídas o, aún peor, que te dedicas a la simple propaganda. Éste piscinazo es de los que hacen época.
Caramba, Sr. Flashman. Se recibe la crítica, porque de este modo subirá la calidad de mis artículos. ¿Cómo podría agradecerte el trabajo que te tomas?
Dése por revisado mi punto de vista en un aspecto importante. Si no resulta agradable tirarse a la piscina con este tiempo, imagínate sin agua.
Para informarse sobre la violencia:
Fundación Mujeres es una organización no gubernamental sin ánimo de lucro que trabaja, desde el año 1994, en la puesta en marcha de proyectos de intervención, en los diferentes ámbitos de la participación social, política, económica y cultural, con el objetivo de lograr que la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, sea real y efectiva
http://www.observatorioviolencia.org/
¿Cómo podría agradecerte el trabajo que te tomas?
Una generosa transferencia bancaria sería bien recibida.
Con mucho gusto te la haría, pero en este momento, aparte de la poca confianza que merece el sistema financiero, hay algunos acreedores impacientes haciendo cola.
Yo me pregunto, ¿este blog de quién es? de Patxi o de Mercè
Bueno . Éste es un tema muy delicado y muy dado a la demagogia.
Yo es que empiezo por poner en duda la mayor:
“La violencia sexista ha aumentado”
No lo creo en absoluto. El que tenga abuela que pregunte. Antes era rarísimo el hombre que no pegaba a su mujer. Era bastante “normal”, llegar bebido y dar dos hostias a la mujer y de paso a los hijos. Seguro que habéis conocido casos en vuestra infancia. El que no pegaba a su mujer o, como mínimo, no le gritaba y humillaba cuando se terciaba era “un calzonazos” al que “le habían quitado los pantalones”. Yo lo he visto con mis ojos en mi propia familia (no hablo de mis padres (mi padre siempre ha sido “un bicho raro”), aunque si lo fuera también lo diría); hablo de tíos y parientes varios míos. Sí señores. Lo que ocurría (y eso lo sabéis todos) es que las mujeres callaban, aguantaban y sufrian en silencio como auténticas mártires (y como tales, con el auxilio del cura de turno que siempre la impelía a “seguir aguantando”, claro. Todo por el matrimonio correcto y comodiosmanda). Y ahora yo no conozco personalmnte a ningún priente, a ningún amigo, a ningún vecino que maltrate a su mujer. Afortunadamente la violencia sexista ha disminuido.
Pero ¡Cuiddado!, con esto no quiero decir que haya que bajar en absoluto la guardia. Este asunto es intolerable y hay que combatir contra él con todos los medios. Un sólo caso que hubiera es insoportable. Estos hechos no pueden existir NUNCA. Pero no creo que sea cierto decir alegremente “que han aumentado los casos”, sin más explicación.
Lo que ocurre es que ahora se conoce más. Y deben conocerse más. Deben conocerse TODOS los casos. Y estoy de acuerdo con el archivo que nos adjuntó Simón referente a que deben conocerse los casos, pero no hacer “circo” indecente, espectáculo repugnante con el tema éste, sólo por tener audiencia o vender más ( Lo que ocurre es que pedir ética a los periodistas en este país es como pedírsela a los jueces: No creo que sepan ni de lo que hablamos).
En fin. Y puede ser cierto que, ahora, los casos sean más violentos y haya un “pico” en el último quinquenio o decenio. La razón es compleja, pero yo apuntaría por un lado a que, afortunadamente, las mujeres ya no aguantan y se largan del lado del energúmeno, cosa que el animal en cuestión “no puede tolerar”: de lo que se deduce la necesidad protección extrema y total a las mujerers que den ese paso. Y también al hecho de que demasiados casos de violencia estám progatonizados por hombres de otras culturas menos “tolerantes” que no soportan que sus mujeres (siempre más inteligentes que ellos) adopten actitudes de por aquí y se revelen; hombres que quisieran tenerlas como en su tierra, donde eran poco menos que mierda. Decir esto sé que es políticamente incorrecto, peligroso y al alcance de cualquier demagogo de tres al cuarto, pero es un hecho y a mí no me gusta ponerme una venda en los ojos (el que me conoce ya sabe lo que pienso sobre la inmigración): De lo que se deduce la necesidad de educación, control, asesoramiento, seguimiento de esos matrimonios con culturas machistas y de menosprecio de la mujer.
Y desde luego represión para los maltratadores. Cárcel la que haga falta, expulsión , destierro, ostracismo.
Y desde luegísimo denuncia, denuncia y denuncia por parte de las mujeres y por parte de los que tengamos conocimiento de casos así, por mínimos que sean.
@Teotihuacan
Patxi es como de la familia, es uno de mis primeros comentaristas, aunque le tengo que sacar tarjeta en más de una ocasión
Lo que dice Pedro es cierto, los malos tratos antes estaban mas generalizados.
La violencia doméstica y la violencia en general era algo habitual y a veces asumido como parte de los papales que desempañaba cada uno en la sociedad.
Pegaban los maestros a los alumnos, los maridos a sus esposas, los hermanos mayores a los pequeños, los guardias a los ciudadanos…
Era una sociedad muy violenta.
Teotihuacán: se echa de ver que eres un tipo temperamental. Se agradece tu crítica. Has de saber que yo valoro las invectivas y las correcciones à la Flashman mucho más que cualquier forma de elogio.
Pero no te cortes, joder. Cuenta algo más de tí, de lo que opinas, de cómo ves el mundo. Dinos para empezar, cómo se te ocurrió elegir un nick tan ridículo (si eres oriundo del hermoso y entrañable país azteca no hace falta que lo justifiques). La tierra mexicana para mí es sagrada. Y lo digo en serio.
Respecto a la violencia de género, simplemente precisar (y espero que el prof. Ipiña no ande cerca para enmendarme la plana por estas corrupciones del infinitivo) una cosa. Pese a las valiosas correcciones aportadas por ese gran detective de la web 2.0 que es el Sr. Flashman, y que aquí se agradecen- quiero insistir en la validez de mi argumento: el estado debería hacer más por la seguridad de las mujeres amenazadas. Sus leyes son muy buenas sobre el papel. Pero en cuanto alguien decide acogerse a ellas se ve expuesto a mil y un inconvenientes: falta de protección, penuria económica, incompetencia burocrática.
La solución a este problema, nos guste o no, pasa por un despliegue de firmeza con fines ejemplarizantes: dureza policial, penas de cárcel sin beneficios penitenciarios, extradición automática, órdenes de alejamiento estrictas y supervisadas por funcionarios públicos groseros y con cara de pocos amigos, presión constante de las fuerzas de orden público, que para algo están ahi y las pagamos con el dinero de nuestros bolsillos.
No cuesta mucho: en cuanto hayas acabado con los cien primeros, los demás habrán captado el mensaje. Ahora, si lo que queremos es combatir la violencia de género mediante articulitos chorras en el Semanal de El País, entonces sí que va a costar un poco más.
Yo pregunto: ¿nos interesa realmente solucionar el problema? Si es asi, al menos deberíamos hacer un esfuerzo para identificarlo correctamente. El problema no está en la grosería de la clase trabajadora como sostiene el Sr. Marías (¡Qué gran intelectual el padre, y que pedazo de zopenco el hijo!), sino en la maldad de los infractores y en la debilidad de quienes debían combatirles.
Amigos y amigas de la blogprog: yo solo conozco una solución para esta plaga: leña al mono. Hasta que se rompa la goma. Hasta que aprenda el Catecismo.
No, Patxi, no, no te voy a censurar ahora el mal uso del infinitivo -por cierto, ¿por qué persistes en él?-, sino tu denuedo por advertirnos de cutio que sabes inglés: no logro entender por qué, escribiendo en castellano, utilizas el palabro “nick” (y mucho es que no has escrito “nickname” -que mola mazo, tío-): ¿no te vale seudónimo?
Pero, ea, allá tu con tu poliglotía, y vayamos al fondo de la cuestión. A mi entender, en este asunto de la violencia sexista (que no de género -¡qué horror!- ), hay mucha confusión: quien ejerce contra otro -ya sea un hombre o una mujer, y ya le una con ese otro una relación afectiva o no- puede, al ejercer esa violencia, lesionarlo o incluso matarlo, y, según ocurra una cosa o la otra, al violento se le imputará un delito de lesiones o uno de homicidio (o de asesinato) y, en caso de que lo condenen en un juicio, se le impondrá la pena prevista para el delito concreto que haya cometido. El Código Penal español de 1995 castiga con unas penas (que, por cierto, no pueden redimirse por el trabajo) bastantes duras los delitos de lesiones, de homicidio y de asesinato (siendo, por cierto, una circunstancia agravante el móvil sexista del delito). Así pues, no hace falta (para atajar la violencia contra las mujeres -o contra cualquier persona, sea ésta del sexo -que no género- que sea) modificar las leyes vigentes, pues las penas que éstas prevén son ya lo suficientemente duras. El hecho de endurecerlas aún más no impedirá que siga habiendo agresiones contra las mujeres (y ni siquiera disminuirá su número): quien está dispuesto a matar a su mujer, lo hará tanto si lo pueden castigar a 25 años de prisión como si lo pudieran castigar a 55 años.
¿Cómo, entonces, puede paliarse el problema de la violencia contra las mujeres? En primer lugar, con una mayor eficacia policial a la hora de prevenir el delito, si es que esto es posible (porque la eficacia policial española es ya bastante notable); y, en segundo lugar (y puede que tenga entonces razón Javier Marías), con una mayor “efectividad cultural” para intentar que disminuya el número de trogloditas que, amén de considerar a sus esposas o novias como cachos de carne de su propiedad, sólo dominan (y, por desgracia, bastante bien) un idioma: el de las hostias, los navajazos y los disparos.
No son las penas previstas en las leyes las que lograrán que disminuya la violencia contra las mujeres, sino la domesticación de sus salvajes maridos o novios (lo cual sólo se consigue con una medicina: la cultura -que, por cierto, no debe confundirse con el espectáculo-).
Seudonimo no es lo mismo que nick, porque entonces tu nick, tu seudomimo, seria Adolofo Ipiña o el de Merce, Merce por ejemplo.
No siemmpre los nick ocultan con un nombre falso el nombre verdadero. Asi que seudonimo no seria el termino apropiado.
Otra alternativa es apodo. pero tampoco es exactamente los mismo.
apodo.
(De apodar).
1. m. Nombre que suele darse a una persona, tomado de sus defectos corporales o de alguna otra circunstancia.
2. m. desus. Chiste o dicho gracioso con que se califica a alguien o algo, sirviéndose ordinariamente de una ingeniosa comparación.
Nick:
New Pocket Oxford Spanish Dictionary © 2005 Oxford University Press:
nick1 /nɪk/ sustantivo (in wood) muesca f;
(in blade) mella f;
did you cut yourself? — it’s just a little ~ ¿te cortaste? — es solo un rasguño;
in the ~ of time justo a tiempo
nick2 verbo transitivo
(notch) hacer(conj.⇒) una muesca en;
I ~ed myself shaving me corté al afeitarme
(steal) (BrE colloq) afanar (arg), volar(conj.⇒) (Méx, Ven fam), robar
Lo mas apropiado, o lo mas parecido en español a Nick, login, password y demas sistemas de identificacion y paso seria:
Santo:
15. m. Mil. Nombre de santo que, con la seña, servía para reconocer fuerzas como amigas o enemigas.
Seña:
5. f. Mil. Palabra convenida que, con el santo, servía para reconocer fuerzas como amigas o enemigas
contraseña.
1. f. Seña secreta que permite el acceso a algo, a alguien o a un grupo de personas antes inaccesible.
2. f. Segunda marca en animales y cosas para distinguirlos mejor.
3. f. Mil. Palabra o signo que, juntamente con el santo y seña, asegura el mutuo reconocimiento de personas, rondas y centinelas