Acabo de leer “32 Tendencias de cambio 2010-2020“, de Juan Freire y Antoni Gutiérrez-Rubí. Lo he descargado en PDF y sin ningún coste desde el blog de Antoni. El libro reflexiona sobre los cambios que ha introducido Internet en todos los ámbitos sociales y va un poco más allá augurando las posibles tendencias de futuro. Es interesante y refleja lo que muchos ya sabemos pero algunos siguen negando, desde una especie de tecnofobia interesada o analfabetismo digital (lo segundo es menos grave). El libro sirve además como presentación del proyecto conjunto de los autores, su Laboratorio de tendencias.
A los autores les conozco desde hace unos años, de aquí mismo, de la red. Leo sus blogs y les sigo por las redes sociales. Precisamente gracias a Twitter, el pasado enero Antoni me mandó por correo un ejemplar en papel de su libro “Micropolítica” (también puede descargarse en PDF desde su blog).
Coincido con la idea que recoge “32 Tendencias de cambio 2010-2020” acerca de la incompatibilidad de las estructuras jerárquicas y verticales con la filosofía abierta de la red. Copio algunos de los fragmentos del libro que me han resultado más significativos y que comparto plenamente:
El modelo político tradicional fundamenta la autoridad en la jerarquía organizativa, desde el primer secretario al último militante o simpatizante. Y esta autoridad no se sustenta, fundamentalmente, en el mérito de sus ideas o en su liderazgo para cohesionar y movilizar recursos y equipos. Su autoridad es poder, no necesariamente conocimiento o capacidad. Una de las lacras de este modelo es la incapacidad para seleccionar a los mejores… o para atraerlos.
Las dificultades sociales y políticas a las que debemos enfrentarnos, en lo local y global, exigen que el talento y la creatividad latentes en la Red penetren y revitalicen las estructuras de los partidos democráticos para actualizar su concepción básica: la de servicio público. La Red palpita mientras las estructuras partidarias languidecen.
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Dado que los contenidos en la era digital se hacen extraordinariamente abundantes se devalúan por lo que cabe preguntarse dónde está el nuevo valor. Todo indica que se traslada a los nuevos “curators” digitales susceptibles de convertirse en brokers de conocimiento si con su actividad concentran poder o beneficios económicos. La exuberancia de la información incrementa el valor del filtrado y la agregación y da lugar a la personalización del consumo de información.
Nos hallamos ante una revolución, a través del uso de la red. Esas noticias serán constantemente comentadas, inmediatamente después de que ocurran, a través de blogs o redes sociales de comunicación inmediata, y la información se verá actualizada en segundos a través de la participación ciudadana. No serán noticias con un ciclo corto, sino como indica Ken Auletta, serán noticias non-stop, 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año.
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Es importante recordar que lo que podríamos denominar el “ADN cultural y económico” de Internet es abierto y generativo: está diseñado para compartir y generar flujos distribuidos y, por tanto, es difícil de controlar y jerarquizar, además la interacción de sus partes es la que genera los resultados emergentes, e impredecibles, más innovadores e interesantes.
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Los recelos de los directivos de muchas empresas hacia la sociedad 2.0 son un síntoma de una cultura empresarial que está en jaque y cuestionada nada menos que por el propio mercado. Una resistencia conservadora y defensiva que se refugia en el poder, alimentada por el control jerárquico y vertical de la organización y que bloquea la libertad y la creación del capital humano dentro de la empresa. Algunos directivos, ignorantes de que un nuevo poder descentralizado, abierto y compartido, basado en el mérito y la creación, se abre paso con fuerza en las organizaciones, temen perder el poder si pierden el control. Pero nunca como hasta ahora la jerarquía había estado tan seriamente cuestionada por la libertad y la inteligencia.
Además, el temor a compartir información o a que sea accesible, fruto de un modelo de valor basado en conservar el conocimiento antes que crearlo y difundirlo, ha alimentado el pánico hacia la empresa transparente y abierta, hipotecando el caudal de energía creativa que existe entre el capital humano de la propia organización. Esta nueva inteligencia colectiva que se genera no puede ser una amenaza.
Crear y gestionar la propia identidad digital y establecer de manera continuada, y mucho antes de precisar un cambio de empleo, una nueva forma de relacionarse construyendo vínculos estratégicos alrededor de intereses comunes o complementarios será la clave del nuevo modelo de relación laboral. El tiempo del currículum vitae estático, como una foto fija, se acabó.
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En la actualidad, lo local está adquiriendo cada vez más fuerza y, gracias a Internet, es posible estar al tanto de todas las noticias que suceden a nuestro alrededor. La generación de esos contenidos y la generación de una comunidad de lectores, crea un sentimiento de pertenencia y de interrelación.
La ciudadanía se relaciona, crea herramientas participativas para organizarse y reclamar lo que quieren para su barrio o para su ciudad, y durante la próxima década, será la hora de que los ayuntamientos empiecen o bien a escuchar a sus habitantes, o bien a crear sus propias plataformas participativas para recoger toda esa conversación que servirá para gestionar mejor y de manera más próxima la ciudad.













































Quizá interese saber que esas ideas no son nuevas. Proceden de la consultoría de principios de los 90, antes de la difusión de Internet, cuando se comenzaba a hablar de desaparición de jerarquías y estructuras horizontales. El problema cuando se habla de la red mundial y sus repercusiones culturales y sociales es que la gente no entiende que Internet (la web, el 2.0, las redes sociales, etc.) es un fenómeno muy superficial. Lo importante está en lo que se mueve por debajo de ella y la ha hecho posible: la tecnología digital.
Hasta hace treinta años vivíamos en un mundo predominantemente analógico, que procesaba señales continuas reflejadas del mundo real (voltajes, gradientes de color, sonidos grabados en cinta magnética, etc.). Hoy vivimos en un mundo que procesa números, y con los números se pueden hacer más cosas. A modo de ejemplo: cuando yo era joven me aficioné a la fotografía y saqué algunas tomas bastante buenas en cuanto a temas y ocasión pero con defectos irreparables de encuadre y enfoque. Lo primero se podía corregir recortando la foto, pero en cuanto al enfoque no había poder en el universo capaz de repararlo… aun.
¿Quién me habría podido decir que un día, muy pronto, existirían máquinas capaces de procesar la información de esa foto desenfocada para posteriormente pasarla por una función matemática llamada Transformada de Fourier capaz de discernir entre componentes de diversa frecuencia de cualquier señal? Eliminando los más bajos y reconvirtiendo el resultado se obtiene una foto de contornos casi nítidos. El enfoque se ha restablecido.
Y como esto en todo lo demás: antes hablabas por teléfono, hoy utilizas skype, correo electrónico y twitter. Antes veías lo que te ponían en TV, hoy eliges lo que quieres ver en el ordenador o en tu home cinema. Incluso haces tus propios programas -por ejemplo una entrevista a la candidata de la oposición a las municipales de Jerez-. Pero todo eso lo hace posible la tecnología digital, un conjunto de dispositivos que procesan números y hacen malabarismos con ellos, y cuyo impacto en la cultura universal puede ser mucho mayor que el que tuvo la imprenta durante el Renacimiento.
Todo eso de las jerarquías, los nuevos modelos de empresa, el valor añadido y demás está bien, pero en el fondo no son más que simples elucubraciones que se alimentan de sí mismas, como demuestra el hecho de verlas repetidas cada cierto tiempo con frases distintas. Para entender algo de lo que se mueve en el mundo en estos momentos hay que ir al fondo de la cuestión. En esta vida hay dos cosas que resultan siempre de de gran provecho: releer los libros de texto del bachiller (no los de ahora que son bastante malos, sino los que se hacían hace medio siglo años que eran y siguen siendo excelentes) y aprender algo de computación básica. Y de ahí puedes lanzarte a especular todo lo que quieras.
Magnífica entrada… siempre sospeché que la informática y mas aún la web, cambiaría el mundo tal y como lo conocemos mucho mas que lo cambió la revolución industrial, pues no hablamos de motores, sino de conexiones neuronales sociales.
La burbuja puntocom fué el intento de especular con este invento, no podía por menos que fracasar, pues su verdadera revolución apenas comenza a vislumbrarse.
He sido un fan de los ordenadores desde el Espectrum ZX81 y ceo que esto no ha hecho mas que empezar. Restructuración de la política, de las empresas, de las administraciones públicas, de las universidades, del periodismo…. lo ya recorrido por la informática es mucho pero la interconexión mundial será algo exponencial.
No puedo estar mas de acuerdo con Antoni y con la relevancia que le quieres dar en tu blog.
Saludos