Somos lo que sentimos


A raíz de la alta abstención en las últimas elecciones municipales, Alfons Cornella ha escrito una excelente reflexión sobre la identificación y ubicación de las personas en la sociedad actual, que comparto totalmente y con la que me siento identificada, al igual que me ocurre con casi todo lo que escribe Cornella. Copio algunos fragmentos:

“La abstención quizás muestra que el mundo ya no está ordenado de partida, de forma jerárquica, única, sino que sus ciudadanos lo son de diversos países y continentes mentales. Los ciudadanos más avanzados (tómese este término como se quiera) ya no son de un solo lugar.”

“…la competencia ya no es entre países, sino entre empresas que están dispersas por el mundo, que no son de ningún lugar en concreto. Son su propio país, aunque se ven obligadas a pagar sus impuestos en alguno en concreto.”

“Rolf Jensen, mucho antes de todo esto, nos avisaba en su sagaz The dream society de que bien podría ocurrir en el próximo futuro que algunos ciudadanos de países avanzados, deseando crear una sociedad mejor, o al menos una más a su medida, comprarían alguna parte del desierto del Sáhara para, haciendo uso de lo mejor de la tecnología disponible, crear una «sociedad 3.0» superior a la occidental que hoy conocemos. Pues bien, ¿no es algo así lo que está ya ocurriendo en pequeños países árabes, como Dubai o Abu Dhabi?”

“El mundo de los países es una antigualla. El mundo de los estados lo es aún más, porque además éstos se imponen sobre las diversas culturas de sus gentes, que son algo que nos ayuda a sentirnos parte de alguna realidad transversal, como la lingüística (que, en nuestro país, por ejemplo, no coincide en absoluto con las fronteras políticas), que es más sentida y veraz (la lengua con la que hablas a tus hijos) que la política (el mapa político es un invento del siglo XVIII).”

“Somos de la ciudad que escogemos. No de un estado que se nos impone. Somos de una comunidad científica, de aficiones, o de voluntades, con las que nos sentimos a gusto. Trabajamos en una empresa que no tiene más que su propia bandera.”

Leer el artículo completo: “Hacia las naciones transversales de uno mismo“.

Yo, al igual que Cornella, me siento de muchos sitios y creo que los nacionalismos exacerbados y la exaltación de las banderas y los himnos no conllevan nada positivo. Como ya escribí en un post anterior no necesito salvapatrias porque mis patrias están ya salvadas.

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Acerca de mercè

documentalista, bloguera, socialista y socrática convencida
Esta entrada fue publicada en ciudadanía, individualismo, mundo, nacionalismo, política, sociología. Guarda el enlace permanente.

14 respuestas a Somos lo que sentimos

  1. fogarsconnection dijo:

    Pues sí, el últmo párrafo que transcribes me parece definitorio, seguramente yo tendré muchas más afinidades con algún esquimal de Laponia que con, pongamos por caso, José María Aznar, aunque nos una esa entelequia que llamamos país.

  2. Noctiluca dijo:

    Estaría de acuerdo en que somos lo que sentimos si, además, lo manifestáramos fielmente. Puesto que si hacemos o decimos lo que no sentimos estaríamos engañando a alguien o a nosotros mismos. Opino que, en las sociedades donde todo suele ser apariencia, ésta es precisamente, y al final, la razón de multitud de consultas a psicólogos.

    Discrepo mucho de las motivaciones que señala el autor, puesto que fundamenta las variaciones sociales achacándolas a conceptos como país, lenguaje, empresa, estado, ciudad, patria o bandera. Sin embargo, son los individuos los que fabrican conceptos y no al revés. En la Luna ahora mismo no hay actividad social, luego allí no existe ningún concepto que se derive propiamente de ella.

    Puede que el origen de la realidad social ultra cambiante que nos ha tocado vivir sea la consecuencia del despertar de un bello sueño, en el que pedimos todo lo que deseamos y cuando lo obtenemos nos damos cuenta que ni eso nos ha hecho felices, porque en ese preciso momento abrimos los ojos y comprobamos que son muchos los inconvenientes que hacen imposible disfrutar de lo soñado.

    Por otro lado, en las sociedades donde a los sueños se les pide poca cosa, un bote de galletas, un bidón de agua, un paquete de leche, que no tenga que trabajar un niño de 8 años en la mina, que pueda ir al colegio…… si lo obtienen son felices.

    Saludos

  3. Foggars: no te lo crees ni tú. Si te dan a elegir entre pasar el verano en un iglú de Murmansk o en Oropesa del Mar ya sabemos lo que vas a elegir, aunque tu vecino sea Aznar.

    ¡¡¡¡¿¿¿¿Esquimales en Laponia???!!!

  4. Júcaro dijo:

    “El mundo de los países es una antigualla”. Ya me gustaría pero me temo que ese tiempo aún está por llegar. Me gustaría que fuera así, me encantaría que no hubiera más fronteras que las naturales, que se arrojaran a una hoguera enorme todas las banderas que se utilizan para enfrentar pueblos, que las empresas estuvieran como objetivo prioritario generar puestos de trabajo, que los ejércitos se reconvirtieran porque ya no habrá más guerras, me gustaría estas cosas y otras muchas pero la realidad es la que es.

    Saludos

  5. mercè dijo:

    Vale Júcaro, pero creo que Cornella tiene razón cuando dice que las personas sienten su dependencia o buscan su lugar en la sociedad independientemente de las realidades impuestas, y por ello no se sienten siempre identificados con ellas.

  6. Noctiluca dijo:

    ¿Por qué deberían desaparecer las fronteras entre países si tabiques, puertas y rejas separan a los propietarios y vecinos de un mismo edificio?

  7. Todo eso de las naciones transversales está muy bien y vende mucho, al parecer, pero hay que decir que de nuevo tiene muy poco. Los mismos planteamientos han existido en otras épocas de la historia en las que las condiciones políticas y económicas hicieron posible la existencia de clases sociales ociosas en un contexto de movilidad geográfica muy elevada y un mayor acceso a contenidos culturales.

    Un ejemplo muy claro lo tenemos en el Helenismo, época comprendida entre las conquistas de Alejandro y el ascenso de Roma como imperio mediterráneo. En aquel tiempo los sabios y científicos griegos viajaban por todas partes, llevando barcos de su propiedad cargados de salazón o baratijas para asegurarse los ingresos que hacían posible su mantenimiento, fundaban academias, escribían tragedias y medían la circunferencia de la Tierra. Y de la patria ni me acuerdo, quedó tan lejos…

    En el Renacimiento tuvo lugar un movimiento bucólico que aspiraba a huir de los ajetreos de la vida urbana en busca de una paz y una pureza campestres que solo existían en la imaginación de escritores y poetas. Todo esto para que se vea que la creación de patrias virtuales es mucho más antigua de lo que se pudiera pensar.

    Resulta en exceso pretenciosa la afirmación de Jensen de que estamos en una “cuarta” era de la Humanidad. Los grandes mercados de sueños que se identifican (aventura, amor y amistad, cuidado, creencias, identidad…) no son los principales. Se trata de nichos, o a lo sumo de meras dimensiones publicitarias.

    Hay también un empleo excesivo de las analogías, tanto en Jensen como en Cornellá: es cierto que no todo el mundo puede permitirse participar en la economía de los sueños, como en el siglo XIX no todo el mundo podía permitirse tener un teléfono, y a pesar de todo la revolución industrial triunfó. La realidad -y a mí me parece que huir de ella es el principal empeño de toda esta gente devota a la literatura futurista y de innovaciones- es la siguiente: en el siglo XIX el problema principal no era cómo hacer tendidos telefónicos, sino las necesidades y carencias de toda la gente que no podía permitirse un teléfono. En nuestros días sucede exactamente lo mismo.

  8. mercè dijo:

    Entonces Patxi se puede deducir de tu anterior comentario que hemos retrocedido, lo cual no sería ninguna novedad por otra parte.

  9. fogarsconnection dijo:

    Es un decir Patxi, (lo digo por tu comenterio anterior de las vacaciones y los esquimales) pero un vecino joputa te amarga las vacaciones en el mismísimo paraíso y una experiencia en el culo del mundo con una buena persona te puede marcar de por vida (para bien)

  10. Yo no digo que hayamos retrocedido: pero hay mucho gurú por ahí como Jensen y Cornellá que intenta vender mercancía vieja dentro de embalajes nuevos.

    Por lo menos que la gente sepa lo que está comprando.

  11. mercè dijo:

    Patxi no considero a Cornella un gurú, y por otro lado, la historia de las ideas es una repetición constante. Se dicen las mismas cosas pero de distinto modo y en un contexto diferente, y lo que es más importante, con protagonistas diferentes. A nosotros nos ha tocado vivir en esta época, no en el Helenismo ni el Renacimiento.

  12. Noctiluca dijo:

    Yo estoy de acuerdo contigo, Patxi.

    Al final seguimos siendo los mismos neandertales que creían extinguidos. Eso si, algunos y algunas con trajes de muchos euros y corbatas de seda, o modelitos exclusivos de afamados personajes, mientras posan entre niños famélicos y sedientos. Exigiendo de palabra lo que nos parece oportuno, pero dejando las obras para el chalet que nos estamos construyendo delante de las hambrunas del prójimo. Bla, bla bla….. manifestaciones millonarias contra la Guerra de Irak, y ninguna por los 5 MILLONES de niños que cada año mueren en el mundo por falta o contaminación del agua. La Historia de la Humanidad: la hipocresía, el fariseísmo y el proselitismo gobernando siempre su destino.

    Saludos

  13. Tú no le consideras un gurú y yo tampoco, y en esto estamos totalmente de acuerdo, pero muchos de sus lectores sí creen que lo es. Basta con darse una vuelta por su página web para apreciarlo.

    El artículo de Cornellá es la enésima variación sobre un tema que se repite desde que a un hombre se le ocurrió por primera vez poner un ladrillo encima de otro: la reinvidicación del cosmopolitismo por encima de perspectivas provincianas y patrioteras.

    Sin embargo, yerra enormemente en su artículo cuando afirma que el mundo de los países, y más el de los estados, es una antigualla. Todo lo contrario: los abusos de la globalización, los peligros del cambio climático y la amenaza del terrorismo internacional han hecho que la ciudadanía vuelva a confiar en el estado, considerándolo más un amigo que una amenaza, y hallándose dispuesta incluso a cederle atribuciones de poder que le permitan mantener la seguridad aun a costa de las libertades cívicas.

    ¿Es un buen futurista el que como Alfons Cornellá tiene ojo para ver lo que pasará dentro de varias décadas y en cambio es incapaz de detectar una tendencia inminente? Le pasa como a Alvin Toffler, otro polemista charlatán que todavía está en activo. En 1979, en su libro “La Tercera Ola”, pronosticó la muerte del industrialismo a la vieja usanza, justo un año antes de que comenzara la era Reagan.

    Por favor, lee mi artículo sobre motos de gran cilindrada e indígnate con los primates que las conducen.

  14. Intoku dijo:

    Muchas gracias por este post. Estoy de acuerdo con Cornellá, en esta ocasión.

    Saludos.

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