La importancia de las emociones en la política


Estoy convencido de que los tristes no ganan elecciones. Ni son capaces de liderar emociones positivas (sin la cuales no hay proyectos, ni comunidad, ni esperanza). Tampoco la tristeza puede seducir ni infundir ánimos colectivos. Los que creen que es posible un proyecto político transformador y progresista desde la cultura de lo pésimo, de lo trágico, de lo feo (de lo serio, de lo adusto, de lo severo)… no se dan cuenta de que el concepto “cuanto peor, mejor” es el núcleo psicológico y cultural de los pensamientos autoritarios, que ceban el desánimo y la desazón, para canalizarla como rabia agresiva… y amenazante.

La tristeza se da la mano con el aburrimiento, la fatalidad, el nihilismo. No comunica esperanza. No propongo la trivialidad, en absoluto. Tampoco reivindico la superficialidad de la sonrisa hueca, del gesto artificial, de la pose previsible de gesto acartonado. Reclamo una renovada mirada política y comunicativa a lo lúdico y festivo como la conexión emocional y ambiental de las fuerzas del cambio y del progreso. Su vinculación con el ánimo y la inteligencia ya están fuera de toda duda científica y sociológica. Aún se resiste una parte de la política formal… que ve su ceño fruncido amenazado por la sonrisa contagiosa de una política más desinhibida, fresca y dinámica. En muchos casos, representada por la creciente feminización de la política.

La política que gana (convence y seduce) contagia ilusión. Y el ánimo es energía movilizadora. Los retos y problemas del mundo (con la crisis económica-financiera, medioambiental y política) que dejan a millones de personas en la precariedad, la miseria o en el umbral de la muerte es algo muy, muy serio. Ciertamente. Pero lo enorme (por abrumador y devastador que parezca) debe ser combatido con inteligencia y determinación. Para ello, necesitamos sumar muchas voluntades y alianzas para una gobernabilidad progresista y sostenible del planeta. Mejor será que lo hagamos con ilusión cautivadora… o nuestra tristeza emocional, combinada con nuestro aburrimiento intelectual nos alejará -definitivamente- de la fuerza emergente que quiere cambiar el mundo.

Esta es sólo la parte final del magnífico y recomendable artículo escrito por Antoni Gutiérrez-Rubí: “Los tristes no ganan elecciones (Ni lideran, ni seducen, ni convencen)“, con el que no puedo estar más de acuerdo.

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Acerca de mercè

documentalista, bloguera, socialista y socrática convencida
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5 respuestas a La importancia de las emociones en la política

  1. Nicolás dijo:

    Dios te oiga a tí y a Antonio Gutiérrez.

  2. Antoni dijo:

    Gracias por la generosa referencia.
    Seguimos. Besos. 🙂

  3. Javier H. Contreras dijo:

    La teoría de Antonio Gutierrez, basada en lo que llama Micropolítica, creo que está volviendo a lo que la política no debería de haberse contaminado del mercado político y comercial, asi como tampoco de la filosofía. La política debe tener emociones, debe ser de emociones y de sentidos, no se tristezas.

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