¿Por qué la gente no vota?


A menos de dos horas de que se cierren los colegios electorales en Cataluña parece que la alta abstención será una de las grandes protagonistas de la jornada. Y la más triste, sin duda. Al margen de quién gane estos comicios (según todas las encuestas será CiU), es preocupante que la gente no participe en algo tan importante como escoger a sus representantes en el Parlamento de Cataluña, que al fin y al cabo son quienes decidirán el futuro de Cataluña. O por lo menos debería ser así…

La política, tan desprestigiada en los tiempos que corren, es una de las tareas más importantes desde que existe la democracia. Necesitamos una estructura organizativa que nos gobierne y nos dicte las leyes que debemos cumplir y nos castigue si no lo hacemos. Por desgracia, el anarquismo no puede funcionar, sólo podría hacerlo si todas las personas tuviésemos el suficiente sentido común y el respeto por los demás que no tenemos.

Si la gente no quiere participar en decidir quién va a gobernar su territorio los próximos cuatro años significa que les importa un pito quién lo haga. Y eso a su vez implica que creen que sea quien sea el elegido hará lo mismo, o dejará de hacer lo mismo.  Es cierto que hay muchos políticos y políticas honestos que creen en lo que hacen y trabajan por la ciudadanía. Pero también hay mucho mediocre. La mediocridad y el principio de Peter se encargan de minar la política día a día.

El denominado cuarto poder, los medios de comunicación (ahora tienen todavía más poder que cuando se les denominó así), también tiene su parte de responsabilidad en el desprestigio de la clase política. Han mercadeado y prostituido esta noble profesión a golpe de talonario. En resumen: “Si no me pagas hablo mal de tí”.

El contexto global en el que estamos inmersos y los grandes capitales que rigen el mercado mundial dejan poco margen de maniobra para los buenos propósitos. Eso también influye a la hora de votar.

Y también una mala estrategia de comunicación a la hora de explicar a los ciudadanos por qué se toman determinadas decisiones y no otras; la falta de implicación y conexión de los políticos con los ciudadanos a quienes deben escuchar para ejercer su actividad; en resumen: la excesiva y manifiesta lejanía de la clase política con la ciudadanía está generando individuos apáticos que cada vez se preocupan más de sí mismos y menos del prójimo.

Dicho esto, hay que ir a votar porque no es lo mismo que gobiernen unos u otros. Hay que ir a votar, ya sean elecciones municipales, autonómicas o generales, porque el día después podemos arrepentirnos de lo que ha propiciado nuestra abstención. Javier Marías lo explicaba muy bien recientemente en su artículo en El País Semanal, en referencia a las elecciones generales: Suerte que no votamos mañana

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Acerca de mercè

documentalista, bloguera, socialista y socrática convencida
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12 respuestas a ¿Por qué la gente no vota?

  1. María dijo:

    Que me ha gustado leer el artículo de Marías (con el que no siempre estoy de acuerdo)
    Tiene más razón que un santo. Ha sabido expresar con las palabras adecuadas lo que muchos de nosotros estamos pensando.
    Muy buena entrada la tuya Mercé.

    Besos

  2. Pingback: Tweets that mention ¿Por qué la gente no vota? | opiniones (de mercè perelló) -- Topsy.com

  3. Mercè:

    Leer este artículo es una pasada porque según tú da la impresión de que los políticos no tienen nunca la culpa de nada, a lo sumo de no saber comunicar su mensaje, de no conectar con el ciudadano y de otras faltas menores. La carga principal de responsabilidad recae sobre otros: la prensa, el capitalismo, las derechas, María José García-Pelayo, etc. Es muy discutible todo lo que sostienes en este post y además revelador de actitudes que en forma y declaración de intenciones serán todo lo democráticas que uno quiera, pero en el fondo no tanto.

    Aun recuerdo cuando respondiste ex-cathedra a mi crítica por haber dicho que los socialistas jerezanos querían cambiar implantar un modelo de ciudad basado en sus creencias ideológicas. Aquí es más de lo mismo, no más que no privativo de un partido sino extendido a la clase política en general, y el propio lenguaje lo delata: “Necesitamos una estructura organizativa que NOS GOBIERNE y nos dicte las leyes que debemos cumplir y nos CASTIGUE si no lo hacemos”. Poder, establecimiento de normas, premios, castigos. No te ofendas pero esa es la forma en que veía la política mi padre, que falleció vistiendo camisa azul.

    ¿Dónde queda el papel del ciudadano, dónde sus derechos y su capacidad para gobernarse a sí mismo, dónde sus obligaciones libremente asumidas si al final todo se reduce a la zanahoria y al palo? Y lo de ir a votar, amiga mía, perdona que te diga, pero también es voluntario. El ciudadano va a votar porque quiere. Y si no, no. Ciertamente es su obligación participar en el proceso político, pero se trata de una de esas obligaciones que han de asumirse por voluntad propia sin que venga alguien a animarle a ello con verbos modales y frases del tipo “hay que + INFINITIVO”. No votar también es una opción política que aunque no tan respetable como hacerlo también ha de ser admitida. En democracia es el pueblo el que manda, no la clase política, ni el gobierno, ni la blogosfera.

    Del tono airado y moralista de tu post lo que se desprende, leyendo entre líneas, es la decepción causada por la derrota del Tripartito y no el enfado por la baja participación del electorado. Seguimos en lo mismo: nada cambiará y España seguirá siendo un régimen parlamentario de segunda hasta que la gente no se dé cuenta que hacer una democracia consiste en fijar un sistema de convivencia entre opiniones distintas y unas reglas de juego que valgan para todos, no en cambiar la realidad para adaptarla a un modelo de inspiración ideológica.

    Dices tú que no es lo mismo quien gobierne, y a la vista de la experiencia de los últimos años esta es una tesis que no se sostiene. Más bien lo contrario: sí es lo mismo quien gobierne. La diferencia no está en los partidos, sino en el sistema y en las actitudes. Tanto Cataluña en particular como España en general lo que necesitan no es una clase política que las guíe, sino una ciudadanía que sepa poner freno a sus desmanes.

    Vas en la dirección equivocada.

    • mercè dijo:

      Me dices:

      ¿Dónde queda el papel del ciudadano, dónde sus derechos y su capacidad para gobernarse a sí mismo, dónde sus obligaciones libremente asumidas si al final todo se reduce a la zanahoria y al palo?

      Pues precisamente en ejercer su derecho al voto.
      Y lo gobernarse a sí mismo es una utopía muy bonita que yo misma suscribiría si pudiera confiar en la sensatez de la raza humana.

  4. Los que no votan son los que más se quejan. La dura realidad.

  5. Rafael Aguilar Jimenez dijo:

    La Política, la acción política debe abrirse a toda la Ciudadanía sin distinción de raza, genero, titulación académica o situación económica. Recuerdo como si fuera hoy los postulados de la izquierda en la dictadura y en el periodo pre-democrático. “Todos somos iguales ante la Ley, todos tenemos los mismos derechos en igualdad de oportunidades”
    Los partidos que se confiesan hoy ser de izquierdas, fundamentalmente, tienen esa responsabilidad. Hoy en día la Clase Política esta muy alejada de los intereses generales de los Ciudadanos y de las Ciudadanas. Gobernamos para ellos pero sin contar con ellos, mas preocupados por las encuestas electorales que de los verdaderos intereses de los que hoy no encuentran un empleo ni tienen ningún tipo de protección por desempleo. “Los parias de la Tierra”
    Coincido contigo Merce en que el derecho de ejercer el voto en las urnas es hoy mas importante que nunca.Hoy se puede votar en libertad por cualquier opción política, votar nulo o votar en blanco, pero votar. Faltan lideres de izquierda carismáticos que conecten con el electorado progresista de nuestro Pais. Falta conciencia de clase. Todo esta diluido y poco claro. Los partidos de izquierda hacen políticas que son las políticas de la derecha clásica y reaccionaria. Por los intereses de los MERCADERES
    Cuando la izquierda pierde el contacto con la realidad, cuando la izquierda se dedica hacer políticas de salom, es cuando la abstención se multiplica por tres. Este País nuestro es progresista y su clase política es cada día mas conservadora y elitista. Las listas electorales ya no se confeccionan con los militantes mas carismáticos y cercanos a la Ciudadanía, si no como cupos de poder. En algunos casos de bajo nivel ideológico y escasa o nula experiencia en la acción política. Por lo tanto no debemos escandalizarnos si no rectificar.
    La Clase política esta en la estrategia de controlar la acción política independiente, no partidista, de la Ciudadanía a través de las subvenciones y otras prebendas. Mutilando la verdadera participación Ciudadana, cortando el cordón umbilical que une a los partidos políticos de los Ciudadanos, imposibilitando la captación y preparación de nuevos Lideres libres e independientes de los intereses de la Cúpulas de Poder de los Partidos. Cercenando la incorporación de nuevos y menos contaminados actores políticos, que emanen desde la independencia y la libertad del conjunto de la Ciudadanía. Cuando las políticas que se proponen desde los estamentos del Poder Democrático, hechas por los progresistas tienen el respaldo en las calles de la gran mayoría progresista de este nuestro País, la izquierda es imparable, y los avances sociales justos para la gran mayoría de la Ciudadanía un hecho incontestable.
    Gracias Merce por darnos la oportunidad de debatir en Libertad aquí en tu apreciado espacio de conquista política para la Democracia. Gracias.

  6. Será libertad para tí, que a mí me siguen moderando los comentarios incluso después de haber aprendido la lección.

  7. paco aguilar dijo:

    Estimada Merce: Creo que el título de tu post se hubiese acercado más a la realidad si quedara en ¿Porqué la gente -de izquierda- no vota?
    Seamos sinceros: lo que en realidad nos molesta es que la abstención caiga -por algo mas que costumbre- del lado de la izquierda, que es nuestro lado.
    Hay muchas razones, alguna de las cuales -según lo entiendo- paso a comentar:
    Para empezar, nos es extraño a los plateamientos progresistas el postulado anarquista, sea este faista o no. Ni son estos postulados lejanos de la izquierda ni ajenos a ella.
    Por otro lado, la dispersión del voto, mucho mas acentuiado en la izquierda lleva igualmente a esa posibilidad no desdeñable de la abstención como fórmula perfectamente democrática si tenemos en cuenta que, llamados a las urnas, podemos elegir entre los distintos elementos que se nos ofrecen o, sencillamente, mostrar nuestro disgusto con todos ellos negandoles el voto a todos y cada uno de ellos.
    Podemos incluso negarles el voto en blanco y manifestarnos antisistemas. A fin de cuentas, el sistema democrático no deja de ser la fórmula burguesa de acercar a la población a la política y no todo el mundo puede estimarse como burgués.
    Estoy por completo de acuerdo con Patxi cuando manifiesta miedo -yo le llamaré aversión- a quienes, como tu en este caso, manifiestan que: “Necesitamos una estructura organizativa que NOS GOBIERNE y nos dicte las leyes que debemos cumplir y nos CASTIGUE si no lo hacemos”. Yo, Merce, no lo necesito. Quiero ser yo quien me gobierne, quiero ser yo quien me haga cumplir, y quiero ser yo quien me responsabilice -que no castigue- por mi falta de cumplimiento.
    La democracia, Merce, es un sistema que, en los paises que así se denominan, no deja de ser sino un sistema político que deviene de la partitocracia y, por este arte y desenvoltura, los ciudadanos nos vemos abocados a votar y sostener con nuestro apoyo a personas que por razón de supuesta afinidad ideológica nos sacan los colores con una facilidad que no resulta permisible para un ciudadano que de verdad establezca su libertad por encima de cualqueir otro parámetro.
    Pero, para muestra, un botón: http://www.tarifadirecto.es/index.php?option=com_content&view=article&id=2054:asi-nos-va
    En este enlace, nuestra ex secretaria de Organización y actual ministro de Sanidad e Igualdad nos saca los colores a todos y todas los socialistas y socialistos, y ciudadanos y ciudadanas en general y generol.
    Y hace que quienes somos hombres sintamos un continuo desapego por quienes dicen -con estos infundios- representar a la gente progresista.
    Saludos
    Paco Aguilar

  8. Ese es precisamente el concepto de democracia que yo quería subrayar cuando escribí mi comentario, y no un alegato en defensa de posturas anarquistas como a falta de una explicación oportuna en este sentido podría entenderse. Paco Aguilar lo clava.

  9. Rafael Aguilar Jimenez dijo:

    Estimado Patxi: No tengo ninguna responsabilidad en este Blog, pero supongo que vuelves a las andas y eso no avala ni tu capacidad intelectual ni tu critica política.
    Estimado amigo y compañero Paco: “A fin de cuentas, el sistema democrático no deja de ser la fórmula burguesa de acercar a la población a la política y no todo el mundo puede estimarse como burgués” ¡MAGNIFICO! Un abrazo.

  10. • La pregunta que encabeza esta nota no es habitual. Pocas veces la colectividad, o el individuo, se interrogan acerca de por qué vota de una manera o de otra. Lo común es que se dé por sentado por qué vota, o que se atribuya el voto a alguna razón de moda en la opinión pública. Pero la interrogante debería hacerse en todas partes y en todas las elecciones pero no es así. Una vez que la pregunta echa a rodar por las calles, la gente comienza a reflexionar al respecto. Y se encuentra que la respuesta a la interrogante no es fácil. Por una parte, se observan muchísimas influencias sobre el votante. En efecto, sobre el elector opera una gran cantidad de factores que inciden en su voto. La literatura está llena de las causas del voto. Se ha atribuido la razón del voto a variables tales como: la posición social; la socialización del elector; los costos y beneficios de votar, la ideología; el grado de educación; la identificación partidista; el género; la situación económica personal, familiar y nacional; la campaña electoral y dentro de ella el tipo de candidato, ciertos temas fuertes, el clientelismo, la polarización política; las divisiones religiosas, culturales y nacionales, las generaciones. Y puede haber muchos más factores.
    • Por otra parte, los analistas se devanan los sesos tratando de ver cuál de ellos es el más importante, el que más pesa en la decisión de votar. Así se han formado diversas teorías que tratan de explicar la decisión de votar. La sociológica (votamos como somos socialmente, según la posición en la estratificación); la sicológica (votamos según las creencias internalizadas en nuestra infancia y adolescencia en nuestra familia, con nuestros amigos); la sico-política (votamos por identificación con un partido); la ideológica (votamos porque tenemos unos valores sociales y políticos); la racional (votamos por que los beneficios de votar son mayores que los costos); la de género (votamos según seamos hombres o mujeres); la coyuntural (votamos según estén las cosas en la economía personal, familiar y nacional: si las cosas están bien se premia al gobierno con el voto, si las cosas están mal, se le castiga); la contextual (votamos según el efecto que produce la campaña electoral, los temas impactantes, las relaciones entre los electores y el candidato: admiración, miedo); la religiosa (votamos según nuestras creencias religiosas); los clivajes (votamos por las grandes divisiones existentes en la sociedad que tienen efectos políticos) y, las demográficas (votamos según la edad que tenemos y según la cohorte generacional).
    • Para saber cuál (es) de estos factores opera en un caso concreto, el análisis no debe hacerse al margen de la situación nacional. Cada uno de estos factores requiere un tratamiento en profundidad y su pertinencia para explicar casos concretos tiene que buscarse en la historia electoral del propio país, en su idiosincrasia, en su cultura electoral y en su evolución política. Por ello, en algunos países son importantes unos factores mientras que, en otros, son importantes otros. En Venezuela, hay mucha evidencia de que la identificación partidista cumplió un papel destacado en la explicación del voto del venezolano entre 1958-1998 pero luego se debilitó con el debilitamiento de los partidos. Los electores pasaron a votar más por clivajes políticos, por bloques electorales, por la coyuntura económica, por el apoyo o el rechazo a un líder político. Los elementos sociológicos pasaron a tener un papel más destacado en la decisión de votar que antes de 1998, pues, aparecieron ciertas trazas de “voto clasista” a raíz del voto de los sectores de menos recursos por un bloque determinado; sin embargo, Venezuela se ha caracterizado históricamente por un voto sociológicamente homogéneo: el voto policlasista se inclinó por un partido o por otro, según la fuerza de otros factores. Creo que el valor de un libro como éste (¿Por qué vota le gente? Alfa, 2012) es el de haber invitado a reflexionar sobre por qué motiva el voto de los ciudadanos, en particular, de los venezolanos. Es un tema apasionante, abierto a los investigadores deseosos de hurgar en profundidad sobre nuestro comportamiento electoral.

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