¡Maldita humanidad!



Según ACNUR, unas 2.500 personas, entre inmigrantes y refugiados, han muerto en lo que va de año tratando de llegar a Europa, a los que hay que añadir 200 muertos en el último naufragio frente a Libia y los 71 que perdieron la vida asfixiados y hacinados en un camión. Probablemente, por desgracia, mientras escribo este artículo el número de muertos seguirá aumentando. El pasado año murieron 3.500 personas. Según el mismo organismo, 300.000 han podido llegar a Europa este año, que no ha finalizado todavía, frente a los 219.000 que llegaron durante 2014. Es un drama que aumenta y no cesa y está dejando en evidencia a una Europa insolidaria e inhumana. Si no fuera por la ayuda de ACNUR y de otras ONG, como Médicos Sin Fronteras o Cruz Roja, esta tragedia humanitaria tendría unas dimensiones más graves todavía, si cabe.

Se trata de personas como nosotros. Huyen de la guerra, del hambre, de una vida de miseria, de violaciones de los derechos humanos. Muchas de ellas llevan a sus hijos colgando del brazo o en su vientre y solo pretenden una vida digna para ellos. Esta es la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial y desde el mundo acomodado no podemos mirar hacia otro lado sin que se nos caiga la cara de vergüenza.

No puedo imaginarme cómo tiene que sentirse una persona para abandonar su hogar, su tierra, sin tener ninguna perspectiva de futuro y sin más pertenencias que lo que pueda meter deprisa y corriendo en una maleta o mochila. Se me hace un nudo en la garganta solo de pensarlo. Huyen de algo tan brutal que, imaginar cualquier otro horizonte, sea el que sea, les sirve de consuelo y les anima en su peligrosa aventura.

¿Y cómo les recibe la avanzada Europa? Con alambradas de púas, gases lacrimógenos, detenciones inhumanas en las fronteras… En Hungría les ponen una pulsera con su nacionalidad y un número para identificarlos. Como si fueran mercancía. La propia UE parece que hable de melones en lugar de personas cuando se refiere al reparto de cuotas de inmigrantes por países. Y después nos extrañamos de que crezca la xenofobia y la extrema derecha… El discurso también es muy importante y quienes ejercen una responsabilidad pública deberían mostrar más sensibilidad con los refugiados y más contundencia con los inhumanos extremistas.

Porque a Europa le está faltando sensibilidad y humanidad para afrontar esta tragedia. Está reaccionando tarde y mal. Y los principales responsables son los dirigentes de los países que forman la UE. La única forma de solucionar este grave problema, que está costando miles de vidas humanas, es querer afrontarlo de forma global y con medidas concretas, tanto en las fronteras, como en los países de origen de los refugiados. Es necesaria una estrategia conjunta de todos los países de la UE. Necesitamos una UE más humana, más social, más de izquierda. Pero esta UE está liderada por el neoliberalismo, que solo entiende de cifras y no quiere ver la vertiente humana de esta tragedia. Como escribió Bertrand Russell, “este mundo necesita mentes y corazones abiertos, y estos no pueden derivarse de rígidos sistemas ya sean viejos o nuevos”. Necesitamos más humanidad porque están muriendo seres humanos.

¡Maldita humanidad!


Artículo publicado en lavozdelsur.es

Acerca de mercè

documentalista, bloguera, socialista y socrática convencida
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