Catalunya: ¿el debate serio para cuándo?


Ya arrancó oficialmente la campaña de las elecciones catalanas del próximo 27 de septiembre, aunque, por si alguien todavía no se ha enterado, ya llevamos mucho tiempo en campaña. Como catalana y española me afecta de lleno todo el debate sobre la independencia o secesión de Catalunya. Tengo criterio propio y no sigo ningún argumentario establecido, ni de unos ni de otros. Me gusta debatir desde el respeto con quienes defienden la independencia y también con quienes opinan lo contrario. Hace tiempo que descubrí que no existe la verdad absoluta. También he de decir que en las redes sociales a veces recibo “palabras cariñosas” de quienes se quedan sin argumentos. Así, yo puedo ser al mismo tiempo una facha intolerante del PP, para unos, o una acérrima defensora de la independencia de Catalunya, para otros.

Si hay algo sobre lo que tengo una certeza absoluta, además de constatarlo día a día, es que sobre el tema de la independencia o no de Catalunya se están diciendo muchas barbaridades y se están utilizando más las vísceras que el sentido común y el diálogo razonado. Es un tema que merece un debate político serio. Pero para ello necesitamos políticos serios, que den ejemplo y que den la talla. Pero no, en lugar de eso tenemos a políticos mediocres con ocurrencias tales como la de un ministro, de mandar tanques a Catalunya si declara unilateralmente la independencia. Menos dramatismo y más seny, por favor.

Un requisito indispensable para dialogar es respetar a quienes piensan de modo distinto y lo demuestran de forma democrática. La ex ministra socialista Trujillo comparó en Twitter la manifestación de la Diada con una movilización fascista. No es la primera vez que deja entrever su anticatalanismo de forma pública en esta red social. Yo misma tuve el honor de ser bloqueada por ella cuando hace un año le recriminé un tuit en el que escribía que el catalán no servía para nada. Otra más que sienta cátedra, como ya hiciera hace unos días Felipe González, con su infumable carta a los catalanes, que lejos de aportar argumentos serios al debate, lo que consiguió es calentarlo y arrastrarlo al fango.

Lo que sí es cierto respecto a la manifestación de este año de la Diada, y así ha quedado de manifiesto, es que solo representaba a una parte de los catalanes, a quienes quieren la independencia. Pero ha sido un acto democrático y a nadie le han obligado a acudir. Yo no estuve porque no me sentía representada.

Respeto a quienes optan por la independencia, pero no entiendo a quienes reconocen que votarán con la nariz tapada a la candidatura de Junts pel Sí. Creo que todo no vale y que hay otras opciones independentistas claras, más coherentes, que una lista donde el primero no pinta mucho y el cuarto será el presidente en caso de ganar las elecciones… Por no hablar de que el partido de Mas ha sido el de “les retallades”, es derecha neoliberal de toda la vida, igual que el PP pero made in Catalonia, aunque ahora ERC y otros de izquierda lo olviden en aras de la independencia. Por no hablar del 3%…

El olvido o ninguneo a Catalunya desde el centralismo nacionalista español es algo que viene de lejos, y no me refiero a la dictadura de Franco, que merecería un capítulo aparte. José María Carrascal escribió en el ABC, en 1978, un artículo titulado “Catalanizar España”. Entre otras cosas decía que el error de España era no haberse impregnado de más catalanismo y añadía que Catalunya es la gran desconocida en España, poniendo como ejemplo que se conoce más la literatura rusa que la catalana. Tiene razón. Actualmente es más fácil encontrar cursos de catalán, una de las lenguas oficiales del estado español, en una universidad alemana que en una española. Y probablemente ocurra lo mismo con el euskera y el gallego.

Entre Catalunya y España se ha hecho muy poco para tender puentes y mucho para dinamitarlos. Y la dinamita ha prendido casi siempre desde la madre patria. No hace falta ser independentista para reconocer que Catalunya es una nación. Y tampoco hace falta serlo para darse cuenta de que la España del PP, la grande y libre, produce asco y rechazo. Una España que reconozca las distintas nacionalidades y aproveche su potencial, en lugar de arrearles con la bandera y amenazarlas, sería la única España en la que podría encajar ahora mismo Catalunya. Pero me temo que es demasiado tarde. Este gobierno cavernario y retrógrado lo está dejando muy claro. Habrá que pedir muchas responsabilidades a muchos si Catalunya se va. Por acción, por omisión, por indefinición… Y no solo a los catalanes. 


Artículo publicado en lavozdelsur.es

Acerca de mercè

documentalista, bloguera, socialista y socrática convencida
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Una respuesta a Catalunya: ¿el debate serio para cuándo?

  1. kansasii dijo:

    Mucha gente en Catalunya piensa como tú, que la inoperancia de los políticos nos ha llevado a esta situación entre dos pueblos que tienen más cosas que nos unen que nos separan. Con políticos de más calidad y con más respeto por parte de todos, y con más vistas globales de ambas partes se puede conseguir una convivencia en paz.

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